Josep Vicent

© Warren Ganser

|

Qué enorme alegría me produce escribir estas palabras, sintiéndome parte, por un momento, de un proyecto tan bello como el Libro de Oro. Quiero aprovechar esta oportunidad para dirigirme en primera persona a todos los que recibís y ojeáis esta publicación, a mis ojos imprescindible. Quiero sincerarme y compartir con vosotros la sensación que me llena desde hace tiempo, la imperiosa necesidad que se deja ver, cada vez más, de hacer crecer la autoestima en nuestro país, de ser conscientes de que el valor de nuestra cultura no puede dejar de ser el motor que ha venido siendo durante tanto tiempo…

Nuestras orquestas sinfónicas, nuestros solistas y directores, nuestros festivales, todos se merecen y necesitan el apoyo incondicional de sus instituciones. Ayudar al desarrollo de sus carreras, programarlos, que puedan hacer giras, estudiar nuevos repertorios y aventurarse a nuevas dificultades tiene como efecto a mucho más corto plazo de lo que pueda parecer, una enorme revalorización del valor de mercado de la cultura española. No es esto una metáfora, ni palabras impulsadas por mi yo más romántico, ni siquiera por la intuición (que se practica a diario desde la tarima de director).

Estoy convencido de la imperiosa necesidad de que cada uno de vosotros utilicéis vuestra influencia para descubrir, ayudar, promover, impulsar o exportar, a cada uno de los músicos, orquestas o instituciones españolas que trabajan duro con recursos mínimos para estar a la altura de mercado de las grandes potencias internacionales de la música.

España ha gastado mucho, muy mucho, de sus recursos económicos culturales en importar, a veces con criterio, a veces con falta del mismo, sustituyendo el vacío de creatividad por nombres rimbombantes. Salarios de un solo día de maestros famosos (y a veces no tan buenos, perdonad mi atrevimiento), hubieran ayudado a 100 de nuestros jóvenes solistas a ser un poco mas importantes, a construir un pequeño escalón mas allá en la tan difícil, a veces imposible, carrera de la música.

El escenario hoy es aterrador. ¡Se terminó el dinero! Casi me atrevo a decir, ¡por fin! Entiéndanme bien: porque por fin parece que habrá que mirar con sentido común y dedicarse a ‘crear valor’, a forjar futuros maestros y solistas… para que el mercado internacional los quiera conocer, los quiera importar. ¿Qué otro camino tienen de otro modo?

Creedme, nuestros músicos han de ser los más queridos, respetados y deseados en nuestro país para abrir puertas nuevas en el mundo… Y esa es la llave que romperá con el déficit que arrastramos hoy. Es ahora el momento de aprovechar esta oportunidad, para mí indiscutible

Este libro, leal a nuestras instituciones y presente aún en las dificultades, demuestra que existe un tejido cultural, musical, todavía potente, que se está reinventando, readministrando.

Os quiero animar, con la sinceridad de un amigo, a que juntos empecemos a defender nuestro patrimonio musical a todos los niveles. Y a hacer saber al mundo lo realmente especial de nuestros artistas, nuestros creadores, y nuestra riqueza cultural en general. Es una meta alcanzable…

¡Un fuerte abrazo a todos!

Enhorabuena al Libro de Oro, ¡adelante!